Recientemente alguien me hablo de Vincent Van Ghog, creo que fue un señor mayor.
Hace tiempo – desde siempre- me gusta la pintura y no sé mas que eso y por eso mismo me animo a decir, sin razón aparente que con Van Gohg se siente y se siente bien.
Una vez escuché que él era impresionista y que nadie entendía lo que él hacia, que fue pobre y casi miserable, que no vendió ningún cuadro en su vida y que el rojo de sus pinturas era su sangre, si eso escuché una vez.
No sé bien si todo esto es cierto o no, mas hay veces que quiero creer que no, porque es increíble que hayamos -como sociedad- desprotegido a un pintor asi, mas otras veces quiero creer que si, aun a costa de la vida del pintor, porque imagino los valores y la ética del hombre destras del pincel, que se negó a cambiar su sueño, por el torpe gusto de los demás.
Repito, no sé mucho de pintura y quizas nunca tenga tiempo de saber. Solo me gusta lo que veo y siento al mirar. Y Van Goghg se siente y se siente bien.
Es decir, muchas veces creo que la pintura que no “entendemos” pero nos conmueve al mirarla, seguro es algo del mas allá. Es una invitación a la fe ciega. Nos mira y nos dice “ ¿ey! que ves en mi, mas allá de mi imagen?”. “ ¿Eres capaz?”; “¿Te animas?”.
Es casi una promesa de aprender a ver sin prejuicios ni condenas, ver y sentir, y sentirse bien por simplemente darse la chance de dejarse llevar.
No sé, quizás exista algo de divinidad en estas cosas, algo que trasciende a la visión , algo que nos acerca a Dios que, es amor. Un desafió para el corazón, tan armado y estructurado. Al fin y al cabo eso es el arte, es exponer el corazón en aquello que somos genuinos.
Y, aun siendo pobres y sin una sola obra vendida en vida, no perder la fe de que somos nuestro sueño y trascenderemos en función de ellos.
Por la calidad de tu sueños y tu valor para enfrentarlos y seguirlos, se medira tu vida y si te animas a ver mas allá, verás tus obras florecer.